Archivo de la categoría: Lingüística

HISTORIA LITERARIA DE LA EDAD MEDIA (SIGLOS IV-XVI)

CURSO CON VALOR CURRICULAR

Facultad de Filosofía y Letras-UNAM

Seminario Interdisciplinario de Estudios Medievales

Educación Continua

 

Del 3 de abril al 28 de agosto de 2019: 32 horas (16 sesiones)

Miércoles, 18:00 a 20:00 hrs.

53611011_2360678150632087_6108087147300913152_n

 

Presentación

La civilización medieval fue creadora de una poderosa y basta cultura literaria: heredera y continuadora de la literatura clásica (tanto pagana como cristiana), condensadora y difusora de las literaturas germánicas, celtas, islámicas, eslavas, forjará, a lo largo de los siglos, uno de los pilares de la cultura occidental. En este curso haremos una revisión de la historia literaria y de lo que vincula a estas al desarrollo social, político y económico de la civilización del Occidente medieval, así como los significados culturales que contienen. Es decir, analizaremos la historia del Occidente medieval a través de su producción literaria: poesía, historiografía, vidas de santos, novela de caballería, literatura científica, serán nuestras guías temáticas en este curso. Partiremos de la coyuntura social y económica que significó el incipiente desarrollo de las primeras ciudades en el siglo XI y el fortalecimiento de instituciones fundamentales para la civilización medieval: la sociedad feudal, la Iglesia y la monarquía. Haremos asimismo una revisión amplia de los factores sociales, económicos y culturales que propiciaron la aparición de lo que conocemos como el renacimiento del siglo XI-XII, que en muchos sentidos será el “renacimiento” del latín de la época patrística y carolingia, sus métodos de enseñanza, sus preceptivas poéticas y sus propuestas narrativas, mismas que habrán de marcar profundamente los diferentes géneros literarios que habrían de desarrollarse en los siglos posteriores de la Edad Media. Analizaremos el impacto social y cultural de las coyunturas experimentadas por la civilización occidental en los siglos XII-XV, tales como el desarrollo económico de las ciudades, las nuevas actividades económicas y la aparición de la burguesía, el fortalecimiento de las monarquías, el fortalecimiento institucional de la Iglesia, la ruptura del “mundo feudal” y, en este sentido, el desarrollo de una “cultura laica” frente a la cultura propuesta por los eclesiásticos —fenómenos todos, que habrán de moldear la historia literaria de la civilización del Occidente medieval.

Público al que va dirigido:

Este curso va dirigido a un público heterogéneo (sean o no especialistas en la materia), interesados en la ampliación de sus conocimientos personales y de sus propias disciplinas. Público interesado en el tema de la literatura en general y en la literatura y la historia medieval en lo particular, así como estudiantes de licenciatura y posgrado de historia, letras y humanidades en general.

Metodología:

La dinámica del curso consistirá en generar la discusión dentro del aula sobre el desarrollo de la historia literaria de la Edad Media, de su producción y circulación, de su impacto y recepción. Esta discusión estará fundamentada en las lecturas asignadas para cada sesión temática. Las lecturas son de carácter obligatorio. Durante las sesiones se espera la participación activa y constante de los alumnos, esto con la finalidad de generar discusión en el aula.

Forma de acreditación:

El curso se acreditará con un breve ensayo final sobre alguno de los temas abordados a lo largo de las sesiones. La extensión máxima será de cuatro cuartillas.

Objetivos:

La propuesta de este curso tiene una duración de 16 sesiones (de dos horas cada una), dedicado a abarcar los siglos centrales de la Edad Media hasta el Humanismo del siglo XVI.

El objetivo de este curso es estudiar y analizar los procesos sociales, políticos, económicos y culturales que configuran la historia de la cultura escrita del Occidente medieval. La propuesta es analizar la producción literaria de la Edad Media, su circulación e impacto social; así como la transmisión y difusión de las distintas literaturas que surgieron en este periodo y su estudio como fenómeno cultural, procesos que moldearon y marcaron profundamente la historia de Occidente. De esta forma, el propósito es familiarizar a los alumnos con la historia de la cultura escrita de la Edad Media y, de modo paralelo, analizar el desarrollo historiográfico del medievalismo, sus aportes, limitantes y problemáticas dentro del campo historiográfico contemporáneo.

En los últimos años, la historiografía y la crítica literaria han insistido en lo fundamental que es estudiar el fenómeno de la producción, recepción y circulación de la literatura en la sociedad del Antiguo Régimen, pues, en muchos sentidos, lo que tradicionalmente consideramos literatura —es decir, materia de una disciplina diferente de la historia—, se ha revelado como una de las fuentes de mayor riqueza para estudiar la historia, la cultura y la sociedad de la Edad Media. Por ello, esta propuesta de asignatura estará dedicada a estudiar la aparición, producción y circulación de las diferentes manifestaciones literarias, tanto en latín como en lenguas vernáculas, que conforman lo que conocemos como cultura escrita del Occidente medieval.

Nuestra propuesta es estudiar la aparición, producción y circulación de las diferentes manifestaciones literarias, tanto en latín como en lenguas vernáculas, que conforman lo que conocemos como cultura escrita del Occidente medieval.

La propuesta del curso es ofrecer que los alumnos:

-         Identifiquen los factores que confluyeron en la conformación, circulación y recepción de la cultura escrita en Occidente durante los siglos XI al XVI.

-         Identifiquen la trascendencia de la literatura en el desarrollo económico, político, social y cultural de la civilización occidental durante la Edad Media.

-         Adquieran elementos teóricos, metodológicos y analíticos elementales de la historia de la literatura, de la lectura y de la cultura escrita, para adentrarse en el estudio de la historia medieval y de las sociedades del Antiguo Régimen.

Temario

1. Mtro. Israel Álvarez Moctezuma

Libros y lectores en la Edad Media

2. Mtro. Aldo Toledo Carrera

Supervivencia de la cultura pagana tras la caída del Imperio romano occidental

3. Dr. Daniel Gutiérrez Trápaga

Literatura artúrica

4. Dr. Antonio Rubial García

Hagiografía 

5. Dra. Elizabeth Treviño

Mujeres y letras en la Edad Media

6. Mtra. Rosario Valenzuela Munguia

Lo maravilloso en la literatura medieval

7. Mtro. Gregorio de Gante

La enseñanza del griego en la Edad Media

8. Mtro. José Luis Quezada Alameda

La poesía latina de Francesco Petrarca

INFORMES E INSCRIPCIONES

http://ec.filos.unam.mx/inscripcion/

Vicisitudes de la tradición gramatical latina I: algunas curiosidades

Iván Salgado García

Escuela Nacional de Antropología e Historia / Universidad Nacional Autónoma de México

No es de sorprender que la tradición gramatical sea uno de los aportes más duraderos de la civilización mediterránea, y a su vez, uno de los menos visibles, al menos para el gran público. Pensar en Grecia y Roma nos remite a textos de varia naturaleza, aunque sólo a algunos especialistas les vendrán a la mente nombres como Dionisio de Tracia, Apolonio Díscolo, Donato o Prisciano. Y efectivamente, se trata de un tema reservado a especialistas de dos áreas principales: la filología y la historia de la gramática, pero ninguna de estas dos disciplinas puede (o debe) considerarse aislada, incluso podríamos pensar que la primera de ellas es una suerte de lo que ahora conocemos como interdisciplina.

Entrando en materia, la tradición gramatical, de acuerdo con los iniciados en ello, comienza con la τέχνη γραμματική (ars grammatica) de Dionisio de Tracia (II ante), y tiene su contraparte en el περὶ συντάξεως de Apolonio Díscolo, su contemporáneo. La discusión sobre si uno o el otro fue el padre de la gramática es, en todo caso, banal. En lo que respecta al mundo latino, parece que la ausencia de los libros del de lingua Latina de Varrón han llevado al estrellato a dos gramáticos: Elio Donato y Prisciano de Cesarea. Son estos dos quienes sentaron las bases de la tradición gramatical latina, la que he calificado de duradera por su trascendencia en el tiempo (más de 1500 años) y en el espacio.

A Donato (IV post) debemos, en particular, la distinción en ocho clases de palabras: nomen, pronomen, verbum, adverbium, participium, coniunctio, praepositio, interiectio; distinción que el propio Antonio de Nebrija imitó agregando el artículo, “del que carecía la lengua latina”. Pocas gramáticas posteriores se atrevieron a cuestionar esta división, y Prisciano (V post) prefiere sólo referir las discusiones antiguas sobre el tema: dos según los dialécticos, cinco según los estoicos, diez los que contaban como una parte distinta los verbos en infinitivo, once quienes hacían divisiones entre tipos de artículos. Los comentarios de Servio al ars maior de Donato hacen referencia a esta controversia citando las cifras mencionadas por Prisciano.

Breviario  de Renaud Marguerite de Bar Metz, ca. 1302-1305, Verdun-Bibliothèque municipale, ms. 107-fol.-16v.

Breviario de Renaud Marguerite de Bar Metz, ca. 1302-1305, Verdun-Bibliothèque municipale, ms. 107-fol.-16v.

Aunque la mayoría de los gramáticos parten de enumerar las clases de palabras para luego pasar a la flexión, para algunos esta discusión parece pasar desapercibida. Virgilio Marón Gramático (VII) comienza la discusión sobre los tipos de nomina sin antes explicar cuántos y cuáles tipos de palabras se tratarán en sus epitomae. Un fragmento digno de consideración es, sin duda, la parte final de su prólogo de sapientia, donde se enumeran los que él llama “doce tipos de Latinidad”, en él da diversos nombres para un mismo referente, aunque no existe evidencia de que hubieran sido usados en su época o en tiempos anteriores. Los ejemplos parecen estar inspirados en los capítulos sobre etimologías de Varrón, o en el tipo de etimologías propuestas por Cicerón para los nombres de los dioses romanos.

 

Hay doce tipos de latinidad, y de ellos uno es el que se usa y con el que todos los latinos escriben, pero para que veas un ejemplo de estos doce tipos, aquí se mostrará. 1. En el latín común y corriente existe la palabra ignis (fuego), porque todo lo que toca lo ignit (enciende). 2. Después tenemos la palabra quoquihabin, que se declina quoquihabis, quoquihabi, etc., porque tiene (habet) el poder de cocinar (coquere) las cosas crudas. 3. También se le llama ardon, porque arde. 4. También calax, por el calor. 5. spiridon, por los vapores (spiramina) que emite. 6. rusin, porque enrojece (ruborat) las cosas. 7. fragon, por el ardor (fragor) de su flama. 8. fumaton, porque produce humo (fumus). 9. ustrax, porque quema (urit). 10. vitius, porque da vida (vita) a las extremidades cuando están casi muertas. 11. siluelus, porque se produce con piedras (sílex). 12. Aeneon, por el dios Eneas, que vive en él.

Por esas mismas fechas, Beda el Venerable, en dos obras que distan de ser un ars al estilo de Donato o Prisciano, deja ver los estragos que comenzaba a causar en la gramática latina la inclusión de las litterae griegas. En su tratado de arte metrica, lejos de describir a la manera donaciana el inventario gráfico – fónico de la lengua latina, se dedica a mencionar los casos particulares de la intromisión de grafías griegas en la escritura latina:

Hay muchos que, después de recibir la doctrina del Señor, llenan los textos divinos de letras griegas, incluso aunque no hayan estudiado el alfabeto griego en orden. Algunos escriben la η y la confunden con la h, y esta confusión viene del nombre de Jesús (᾽Ιήσους); otros usan la χ y la ρ, por el nombre de Cristo (Χριστός); el α y la ω por la autoridad que tiene aquella frase de nuestro Señor ‘Yo soy el alfa y el omega’.

Donato, de cualquier forma, seguía presente en la discusión sobre cualquier tema gramatical. Beda mismo, en su capítulo sobre las letras, declara su extrañez hacia la definición que daba Donato sobre la calidad de la letra u, pues mientras para Beda representaba a veces una consonante y a veces una vocal, el gramático latino decía que se trataba de un sonido intermedio. Tal vez estamos frente a una evidencia de cambio lingüístico en diacronía.

Regresando a Donato, olvidamos mencionar que escribió un ars maior y un ars minor, y esta última está redactada en forma de diálogo. Este tipo de texto tuvo sus ecos en otros gramáticos medievales, de los que un representante conocido es Alcuino de York (¿736?-805), quien para explicar la diferencia entre vocales y consonantes recurre a la dualidad cuerpo-alma de su contexto cristiano. El el diálogo participan el maestro y un alumno de nombre Saxo, en alguna parte el primero explica que las vocales se pueden emitir per se y formar sílabas, mientras que las consonantes no pueden ni producirse solas ni formar sílabas. El alumno procede a preguntar después:

Saxo: ¿Hay otro motivo, maestro, por el que se dividan estos dos tipos de sonidos?

Maestro: Lo hay, las vocales son como las almas, las consonantes como los cuerpos. El alma se mueve por sí sola y también mueve al cuerpo, pero el cuerpo no se puede mover sin el alma. Y así las consonantes sin las vocales, porque pueden escribirse solas, pero no pueden pronunciarse ni tener significado sin las vocales.

 

Parecía que el camino de la descripción gramatical estaba ya muy transitado, y la Edad Media abrió el camino a la especulación. La escuela modista de los siglos XIII y XIV con nombres como Boecio de Dacia, Martín de Dacia, Raúl Brito, entre otros, con obras como el célebre de modis significandi sive grammatica speculativa, pero éste será tema de otro post.

No sabemos si Donato y Prisciano imaginaron que mil años después la tradición que ellos inauguraron en latín seguiría dando frutos y acomodándose a la época y a las nuevas hablas de Europa, o a las nuevas del espectro cultural europeo. Entre las aventuras de los gramáticos latinos tal vez la más interesante sea su llegada al Nuevo Mundo, donde en 1547 se vieron calcados en el Arte de la lengua Mexicana de Alonso de Molina, lo que sería el inicio de una prolífica tradición:

De las partes de la oración Las partes de la oración son ocho, nombre, así como teutl, que quiere decir dios, pronombre, asi como nehuatl, yo, verbo, así como nitetlazotla, yo amo, adverbio, así como arcan, oy o agora, participio, así como yntetlaçotla, el que ama, conjunction, así como yuan, y o también, preposición, así como pan, en o encima, ynterjection, así como yyo.

En América y Asia los misioneros europeos describieron decenas de lenguas, Molina y Carochi clasificaron los sustantivos del náhuatl en declinaciones; Melchor Oyanguren de Santa Inés en su Arte de la Lengua Japona utilizó la etiqueta facere para las formas verbales causativas. Estos procesos de acomodamiento no estuvieron exentos de innovación: mientras Oyanguren habla de tiempos filosóficos, Maturino Gilberti, el autor del Arte de la lengua de Mechuacan, añade al paradigma nominal el caso efectivo, pero esto será tema también de otra publicación.

Es innegable, en suma, la trascendencia cultural de la tradición gramatical latina, cuya terminología, a más de 1,500 años de su acuñación, parece seguir vigente en las descripciones lingüísticas elaboradas en el siglo XX, que vio nacer la lingüística como la conocemos en el siglo XXI. Esta primera parte buscó entregar una suma de curiosidades y puntos interesantes que se tratarán con mayor detenimiento en entregas posteriores, que esperamos sean de interés de los lectores.

Robert A. Hall y la reconstrucción del proto-romance

Rubén Borden Eng.

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

Uno de los procedimientos más conocidos en el ámbito de la lingüística histórica es, sin duda, el del método comparativo que tiene por objeto la reconstrucción de lenguas hipotéticas sobre las que no hay evidencia directa. Estas lenguas, también conocidas como proto-idiomas, se reconstruyen con base en los rasgos comunes que arroja la comparación sistemática de un conjunto de idiomas relacionados genéticamente. A grandes rasgos, el éxito de cualquier reconstrucción depende básicamente del material disponible y de la capacidad que posee investigador para identificar los procesos de cambio ocurridos en la historia de las lenguas que se comparan. En las discusiones sobre el grado de certeza de las reconstrucciones, algunos investigadores han hecho hincapié en el carácter hipotético de la empresa, insistiendo en que se trata de fórmulas prefabricadas a partir de los ejemplos de las lenguas comparadas, debido a que el método comparativo de reconstrucción no toma en cuenta factores como la variación dialectal o el contacto entre las lenguas emparentadas, una vez que éstas se han desprendido de la lengua originaria. Sin embargo, otros ven en las reconstrucciones intentos genuinos por recuperar algunas de las características que realmente tuvo una determinada “lengua madre”, conscientes de que sólo se trata de aproximaciones hipotéticas que de algún modo permiten explicar diversos procesos de cambio (fundamentalmente a nivel fonológico y morfológico).

En el campo de la lingüística románica, la reconstrucción del proto-romance sirvió para añadir una posibilidad más a las opciones propuestas sobre el origen de este grupo de lenguas. Como se sabe, actualmente casi todos los manuales de lingüística y filología románica coinciden en afirmar que las lenguas romances no provienen del llamado latín clásico o sermo urbanus, ni del latín medieval carolingio, sino del latín vulgar, también denominado sermo quotidianus, plebeius o vulgaris, que, en términos generales, correspondía al latín hablado por la gente de las provincias y que, en comparación con el latín clásico, ofrecía una notable economía formal. Sin embargo, uno de los principales problemas que ofrece la aceptación del latín vulgar como punto originario del desarrollo de las lenguas romances deviene del amplio marco temporal, geográfico y social al que se vincula, ya que los términos sermo vulgaris y sermo plebeius no definen claramente las posibilidades de la estratificación social o geográfica a las que se aplican. Asimismo, el latín vulgar, al ser considerado por la mayoría de los romanistas como un antecedente directo del italiano y de las lenguas romances occidentales, estaría próximo a una especie de proto-romance italo-occidental, más que a la lengua originaria de todo el grupo, y en este sentido es que adquiere importancia la reconstrucción de un proto-idioma a partir de los datos que ofrece no únicamente el latín, sino también algunas de las lenguas más representativas del grupo. Básicamente, al aplicarse el método comparativo de reconstrucción al caso de las lenguas romances, lo que se pretende es generar una lengua hipotética a través de la cual sea posible identificar aquellos puntos de contacto y divergencia que presenta el grupo románico.

Antifonario de León (siglo XI), fl 1v. Catedral de León.

Antifonario de León (siglo XI), fl 1v. Catedral de León.

Uno de los trabajos más notables en la reconstrucción del proto-romance es el que realizó Robert A. Hall en la segunda mitad del siglo xx con dos obras que se convirtieron en referente ineludible para el estudio de la reconstrucción lingüística aplicada a este grupo de lenguas. Nos referimos, por supuesto, a Proto-romance phonology (1978) y Proto-romance morphology (1983). En ambas, el autor propone la reconstrucción del proto-romance a través de exhaustivas comparaciones entre el sardo, el rumano, el italiano, el francés, el catalán, el español, el portugués y el latín.

Como puede verse en la tabla 1, Robert A. Hall siguió todos los principios básicos del método comparativo, al contrastar formas cognadas de un conjunto representativo de lenguas y aplicar sobre éstas la regla de “el mayor gana”, para ofrecer una proto-forma reconstruida (marcada con *) que se sustenta en los propios datos comparados. Así pues, en la tabla 1, aunque el objetivo es mostrar la resistencia al cambio que posee el fonema bilabial nasal /m/ en posición intervocálica, la misma lista de ítems da cuenta de algunos aspectos concernientes al comportamiento de otros segmentos, como la aspiración de /f/ en español, la diptongación de /a/ en francés, la sustitución de la cantidad vocálica o la monoptongación del diptongo /uo/ del latín.

Tabla 1. Lista de cognadas para la reconstrucción del fonema bilabial nasal */m/ en posición intermedia (Hall, 1976: 82).

Sard.rámufúmutráma
Rum.——-fúm(u-)tráməkúm
It.rámofúmotrámakó^mo
Fr.ráimfúmtráiməkó^m
Cat.rámfúmtráməkó^m
Span.rrámohúmotrámakó^mo
Port.rámufú^mutrámakó^mo
PRom.*rámu*fú^mu*tráma*kó^mo
Lat.ra:mu-fu:mu-tra:makuo:modo:

En el caso de la morfología, el procedimiento es muy similar: se toma una lista de ítems cognados, sobre los cuales se hacen observaciones sistemáticas que permiten identificar los puntos de contacto y divergencia para un tema concreto, en este caso, los sufijos de persona que actúan sobre la inflexión en verbos de la primera conjugación en presente de indicativo y voz activa. Como en el caso anterior, en la tabla 2, los ejemplos por sí mismos permiten identificar un número considerable de procesos que atañen no sólo a las vocales, sino también a las consonantes y a los elementos suprasegmentales, como el cambio de cantidad o la nasalización de la /a/ en el caso del portugués.

Tabla 2. Lista de cognadas para la reconstrucción del sistema de inflexión verbal correspondiente a verbos de la primera conjugación en presente de indicativo voz activa (Hall, 1983: 43):

Sard.kántokántaskántatkantámuskantátiskántat
Rum.kíntkínzkíntəkintémkintázkíntə
It.kántokántikántakantámokantátekantáno
Fr.chántchántəschántəchantónschánrǽzchántənt
Cat.kántkántəskántəkantámkantáukántan
Span.kántokántaskántakantámoskantádeskántan
Port.kã´ntokã´ntaskã´ntakãntámoskãntádeskã´ta
PRom.*kánto*kántas*kántat*kantámus*kantátis*kántat
Lat.kanto:kanta:skantatkanta:muskanta:tiskantant

El asterisco que antecede a cada una de las reconstrucciones dadas en el caso del proto-romance indica precisamente que se trata de una forma reconstruida sobre la que no existe evidencia documental, pero que bien sirve para explicar la tendencia en el desarrollo de todo el paradigma verbal al interior del grupo románico (o al menos en algunas de sus lenguas más representativas). Dicho en otros términos, la protoforma debe ajustarse a las características que posee la mayoría de los ítems cognados dentro del esquema de comparación.

Aunque las obras de Robert A. Hall en su momento recibieron diversas críticas, debido quizá a que muchos estudiosos hubieran querido ver menos espacio dedicado a las tablas comparativas y más a la discusión profunda sobre los problemas que intervienen en el desarrollo de las lenguas romances, el objetivo primordial del autor estaba centrado en la posibilidad de que todo aquello que se pudiese reconstruir con base en los modernos idiomas románicos debería corresponder necesariamente a un tipo de lengua intermedia entre el latín escrito y las modernas lenguas románicas. El trabajo de Robert A. Hall es importante sin duda, debido que ofrece una gran cantidad de información para identificar evidentes procesos de cambio en el sistema fonológico y morfológico que distingue al latín de las lenguas romances, sin embargo, el reto actualmente no está en decir que la vocal baja central de la raíz PRom. *kánt- se convirtió en una vocal alta anterior en la raíz del Rum. kínt-, sino en explicar detalladamente por qué ocurrió ese cambio, tomando en cuenta la relación interdependiente que existe entre los distintos niveles de un sistema lingüístico, en el entendido de que un fenómeno fonológico determinado puede explicarse en parte por sus condiciones morfológicas y viceversa.

En resumen, el meollo de la reconstrucción del proto-romance, no tiene que ver tanto con la comprobación de los datos y su grado de realismo, sino más bien con los medios a través de los cuales es posible establecer un proto-idioma que permita explicar la gran cantidad de procesos que intervinieron en la conformación de estas lenguas. En cierto modo, la esencia de la reconstrucción lingüística es, precisamente, la de enfrentarse a la posibilidad de generar hipótesis que expliquen procesos de cambio sobre los que no tenemos, y probablemente nunca tendremos, evidencia clara y confiable. Si bien esto podría parecer un extremo en el caso de lenguas tan bien documentadas como las románicas, la aplicación del método comparativo y la reconstrucción del proto-romance, debido precisamente a la inmensa cantidad de materiales de los que se dispone, arrojan datos de suma importancia para el conocimiento no únicamente de ese grupo de lenguas, sino también para la evaluación del método comparativo en sí mismo, dado que, finalmente, de una forma u otra, la mayoría de los investigadores están convencidos de que el latín (clásico, vulgar, tardío, carolingio, etc.) es la evidencia más próxima de la que se tiene noticia sobre aquel lejano ancestro de las lenguas románicas antes de su fragmentación.

 

Bibliografía

Fox, Anthony, Linguistic Reconstruction. An Introduction to Theory and Method, Oxford University Press, 1995.

Hall, Robert A., Proto-romance phonology, Elservier Publishing Co., Amsterdam, 1976.

–, Proto-romance morphology, John Benjamins Publishing Co., Amsterdam, 1983.

Ponsser, Rebeca, The Romance Languages, Cambridge University Press, 1996.

Robert L. Rankin, “The Comparative Method”, The Handbook of Historical Linguistics, Edited by Brian D. Joseph and Richard D. Janda, Blackwell, Malden, 2003, pp. 183 -210.